– Le preguntaban si esto era como los tatuajes: que una vez te haces uno, ya no puedes parar.

La entrevista era a Neil Harbisson, el primer cíborg reconocido del mundo, un inglés que vive en Barcelona.

El término cíborg hace referencia a un híbrido entre humanos y máquinas. Es la integración en la biología de elementos tecnológicos que nos permitan ampliar los sentidos de los que disponemos de manera natural.

Harbisson (a quién entrevistaban) lleva una antena. Se sometió a la intervención quirúrgica – hecha por un médico anónimo en Barcelona-,  para mejorar su percepción visual ya que no es capaz de ver los colores, solo grises, porque padece acromatopsia. Desde el 2004 lleva esta antena con un chip que convierte las ondas de luz en frecuencias de sonido que percibe como notas musicales.

Ha creado la Fundación Cyborg cuyo lema es «somos la primera generación capaz de decidir qué órganos y sentidos queremos tener».

Ahora, se quiere añadir un injerto en la cabeza para saber dónde está brillando el sol en cada momento «El objetivo no es saber qué hora es en Londres -matiza-, sino crear ilusiones en el tiempo haciendo que los momentos duren más o menos, según se desee».  

Los cíborgs dicen que la clave no es inventar sino integrar sentidos que ya tienen otros seres vivos (animales). Además dicen que es pura sosteniblidad. Por ejemplo: si tienes un elemento en el cuerpo capaz de regular tu temperatura, ¡no hace falta usar calefacción ni aire acondicionado! Imagínate el ahorro.
Según ellos, el cambio no pasa por mejorar el planeta, sino por mejorar las capacidades sensoriales de las personas.

Y tú, ¿cómo lo ves? 

¿Te parece ético que algunas personas puedan incorporar sentidos que les hagan estar por encima de la media?

¿Te parece natural? ¿Te suena a ciencia ficción?

Hoy quisiera recordar (porqué ya lo sabes) que la innovación nos obliga a dibujar y definir nuevos parámetros de humanidad y de ética. La consciencia humana debe evolucionar, como mínimo, al mismo ritmo.
En un futuro próximo (por no decir ya) nos va a tocar lidiar con realidades que ahora nos parecen de ciencia a ficción.
Quizá la discusión típica de hijos-padres en el futuro no sea hacerse o no un tatuaje: sino, por ejemplo, incorporarse o no sensores en la piel para percibir energías hasta la fecha imperceptibles.
En fin:

¿Las respuestas? Aún no las tengo todas claras.

Pero si hay algo que tengo claro:

Tenemos que empezar ya a formular las preguntas.

¿Cómo lo ves?

Que estés aquí es maravilloso. Gracias.

Siempre cerca,

– Verónica Ferrer, Consultora en Pitaya Business.